“Es como escalar una montaña…si yo logré llegar a la cima, es momento de dar mi mano y asistir a los que van subiendo”, dice Jaime Obando, cuya historia parece extraída de una película.

Jaime es ingeniero en sistemas y actualmente vive en California, EEUU. Trabaja en un laboratorio donde es parte de un equipo dedicado a la recuperación de datos. Jaime, que conoce mucho de números, sabe que estadísticamente él es un caso especial, un favorecido por la fortuna: partiendo de sus raíces, era casi imposible llegar a donde llegó.

Jaime nació en el seno de una humilde familia de escasos recursos de Guatemala. “Solía salir a ayudar a mi padre en la finca de café donde crecí, pero nunca antes de terminar la tarea”, recuerda. Su madre había decidido ayudar a su hijo a encontrar oportunidades de desarrollo personal y fue en esa búsqueda que llegó a Common Hope, una ONG con base en Minnesota, EEUU. Common Hope conecta donantes de ese país con niños de Guatemala que necesitan apoyo financiero para completar sus estudios, buscando convertirlos en agentes de cambio que contribuyan a combatir la pobreza. Gracias a Common Hope, Terry Kidner, una mujer de Nueva York, se convirtió en madrina de Jaime.

Durante 12 años Terry cubrió el 60% de los gastos de la formación secundaria y universitaria de Jaime en Guatemala. “Fue la puerta para salir de la pobreza en que vivíamos”, asegura Jaime. “En mi país sólo el 1% de la población tiene acceso a la educación superior”.

Jaime, en su graduación universitaria.

Jaime, en su graduación universitaria.

“A menudo imagino cómo hubiera sido mi vida si mi madre no hubiese encontrado esta oportunidad para mí. No hubiera podido terminar la secundaria, ni ir a la Universidad; probablemente trabajaría en una fábrica o en un restaurante de la ciudad, como algunos de mis amigos”.

Impulsado por el deseo de devolver la ayuda que recibió, en 2013 Jaime y su esposa Laura comenzaron a apadrinar a un niño a través de Common Hope, siendo el primer becado de esta organización en convertirse en padrino. La pareja apoya a Dennis, un niño que cursa quinto grado y es el mayor de 4 hermanos de una familia agricultora que vive en un terreno comunal de San Miguel Milpas Altas.

Hace poco viajaron a conocer al niño y su familia: “Como cualquier familia humilde de mi país comparten lo poco que tienen, y en nuestro caso, ellos nos prepararon un almuerzo. Su pequeña plantación de duraznos me hizo recordar cuando recolectábamos frutos con mi abuelo para vender en el mercado”, revive Jaime.

Jaime con Dennis en su visita a Guatemala en el 2013

Jaime con Dennis en su visita a Guatemala en el 2013

“En algún lugar del planeta hay alguien esperando esa oportunidad. Hay un futuro médico, un futuro arquitecto, un futuro ingeniero, un niño o niña esperando ese empuje para salir adelante”, opina Jaime, protagonista de esta historia que combina solidaridad con voluntad de superación.

“Muchos creen que sólo los millonarios pueden ser filántropos, pero yo digo que mientras tengamos la iniciativa y las ganas de hacer algo positivo en la sociedad, hagámoslo.”

¿Por qué crees que todavía mucha gente, pudiendo hacerlo, no apoya proyectos como éste? “Creo que muchas personas no se suman por falta de información, falta de interés en ayudar o desconfianza. En mi caso, yo puedo dar fe de todo el proceso, el niño apadrinado tiene acceso al médico, al dentista, a educación, materiales escolares, clases de refuerzo…”

Combinando generosidad con espíritu de sacrificio, el caso de Jaime desafía la estadística que indica que la mayoría de los niños nacidos en la pobreza seguirán pobres el resto de su vida. Una cadena de favores de personas comunes ayudándose para salir adelante.

Y AHORA LA SORPRESA… CONOCE A TERRY!

 

Licencia Creative Commons
Este obra de http://www.ourmark.com está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial 4.0 Internacional.